CAMPOS DE LAVANDA Y PAN CASERO


Siempre quise ir a la Provenza francesa. Esa imagen bucólica y romántica de los campos de lavanda florecidos llamaba a gritos a una soñadora empedernida como yo.




Los pueblos se presentan bellísimos, uno detrás de otro, cada uno más bonito que el anterior. Unos encaramados a  una colina como Gordes, otros unidos a la historia de pintores ilustres como el maravilloso Sant Remy de Provence, algunos románticos en extremo como Isle sur la Sorgue o la Venecia provenzal y otros que te cautivan por su oferta cultural, por su terraceo o por sus Bristrots como Aix en Provence, que es planazo para un buen viaje de amigas (ahí lo dejo).
Y en todos ellos ESOS CAFÉS. Las cafeterías de la Provenza son de otro nivel.



Fuera de los pueblos el paisaje sigue siendo espectacular. Y entonces por fin llegas a Valensole y ves aquellos campos de lavanda en flor que llegan hasta donde la vista no te alcanza y todo es lila y todo huele tan bien y no puedes evitar emocionarte. 
Bajas del coche, como todo el mundo, y al acercarte a hacer la foto, ves la cara B de los campos que son todas esas personas haciéndose el reportaje de su vida, con unas maletas que tienen más trajes que el baúl de la Piquer y con un atrezzo, de verdad, que ni el Ballet Nacional de España. Hordas de japonesas deshidratadas por el sol, parejas de orientales vestidos de novios haciéndose el postboda, influencers venidas de cualquier rincón del mundo y venga a posar y venga a hacerse fotos.
Pero no pienses que eso quita un ápice de belleza a los campos de lavanda. Aquello es bello por derecho, a la par que enorme, y todo el mundo cabe. 
Como no podía ser de otra manera, yo también hice lo propio y hasta  un sombrero me compré para la ocasión.

La Provenza huele a jabón de Marsella y a Lavanda, como no. Es lila pero también es amarilla por sus campos de girasoles, verde por sus viñas y roja por sus atardeceres. Es campos de lavanda y es pueblo encalado en la montaña de calles empedradas, plazas bellísimas y fuentes por doquier.
Es silencio interrumpido por el canto de las cigarras y quizá algún músico callejero en la placita de un pueblo. Es hogar de algunos niños que corretean disfrutando de los días de verano (sin gritar) y segunda residencia de algunos hombres guapos. Es pan con queso y olivas aliñadas con hierbas provenzales, cafés bonitos y tiendas en las que te quedarías a vivir.
Así la viví yo, aun no me había ido y ya quería volver 💜

FOUGASSE O PAN PROVENZAL
Y como no hay mejor manera de volver que degustando de nuevo aquel pan y oliendo otra vez aquellas hierbas provenzales. Me metí en la cocina y aquí la receta de la fougasse: un pan provenzal riquísimo y muy fácil de hacer (te lo digo yo que es la primera vez que hago pan).

INGREDIENTES:
✔500 gr de harina de fuerza.
✔350 gr de agua.
✔ 10 gr de levadura fresca.
✔ 10 gr de sal.
✔ Hierbas provenzales.
✔ Aceitunas negras sin hueso.

ELABORACIÓN:
  • Pon la harina y la levadura desmenuzada en un bol y un poco de sal. Haz un hueco en el centro e incorpora el agua.      Con una rasqueta mezcla bien.
  • Haz un primer amasado rápido estirando las puntas de la masa e introduciéndolas hacia dentro como el que dobla un pañuelo.
  • Deja reposar 10 min y repite tres veces la misma operación.
  • Haz una bola y tapa el bol con papel film durante 1 hora.
  • Extiende la masa e introduce la yema de los dedos por la superficie para desgasarla. 
  • Espolvorea con hierbas provenzales y mezcla bien. 
  • Extiendela en una bandeja de horno (de las de cristal) tapa con film y deja reposar una hora mínimo.
  • Pásala a la bandeja grande del horno sobre papel y extiendela (grosor de 1 cm aprox).
  • Reparte las aceitunas negras cortadas por la mitad y rocía con un chorro de aceite bien repartido sobre la masa.
  • 15 minutos al horno precalentado a 230ºC.



Bon Appétit!


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