LA ETERNIDAD DEL INSTANTE
Yo quería llevar a mi padre a la Torre Eiffel para celebrar sus setenta años.
Quería viajar a Holanda en autocaravana. Llevo años soñando hacer ese viaje con los niños y este era, por fin, el verano elegido.
Quería mis vacaciones en agosto y coincidir con mi marido más de una semana porque necesitaba más que nunca estar en familia después de todo lo vivido.
Siento como tantas otras personas el peso de la incertidumbre. Añoro la espontaneidad de los planes, las escapadas de amigas, los abrazos y los besos.
Estoy triste y cabreada, pero eso no quita que en ocasiones sienta que algo así era necesario. Que dábamos demasiado por hecho, que no conectábamos con lo esencial, que estábamos y estamos dañando en exceso el planeta y respetándonos muy poco entre los seres que lo habitamos.
Y aquí nos tiene la madre tierra, buscando volver a conectar con la naturaleza y huyendo despavoridos de todos aquellos lugares prefabricados, por los que solíamos movernos como pez en el agua. Los mismos que tienen como único objetivo atraer a las masas, sumergirnos en un mundo de consumismo desmedido y proporcionarnos estímulos que nos alejan del momento presente y de quienes somos.
Y, oh sorpresa, cuando estás en conexión total con la naturaleza, el tiempo se ensancha, eres consciente de tu respiración, de la temperatura del agua, del sonido de las cigarras y del canto de las aves. Vives los días con consciencia y quietud, como siempre debió ser.
Entonces te das cuenta que no pudiste ir a París, ni lograste llevar a tus hijos a ver los molinos y las llanuras verdes de Holanda pero que has tenido tiempo para bañarte en pozas naturales, oler a tierra mojada después de una tormenta de verano y captar la magia inigualable que te regaló con su aleteo aquella libélula azul.
Te recomiendo un lugar de gran belleza si eres amante de la naturaleza y buscas alejarte de multitudes. Se trata de la Vall d'en Bas en la bellísima comarca de La Garrotxa. Desde Sant Privat d'en Bas, un pueblecito de cuatro casas, te plantas en dos minutos en el rio Gurn cuyas aguas cristalinas siguen el curso de las montañas creando preciosas piscinas naturales perfectas para un chapuzón en el bosque.
Nos hemos alojado en el hotel rural Can Manseu de tan solo cuatro habitaciones. La parejita que lo regenta ha restaurado la casa de la abuela creando un precioso alojamiento en un lugar de ensueño.
Ojalá te animes a ir.
Feliz estancia.




Apuntada queda!!!!!!
ResponderEliminarApuntada queda!!!!!!
ResponderEliminarQue bien Susy.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por la visita!!